Insólito, y aunque parezca mentira, un perro callejero fue condenado en Israel a morir lapidado. ¿La razón? El can sería la reencarnación de un abogado que los maldijo hace más de 20 años, según un juzgado rabínico ultra ortodoxo que cree en la transmigración de almas.
La terrible (y absurda) decisión fue tomada luego que el perro de gran tamaño ingresara de repente a dicho tribunal causando el pavor entre los jueces. A pesar del intento de los presentes por sacarlo del lugar, este permaneció allí ladrando.
Fue entonces que uno de los magistrados presentes recordó que hace unos 20 años, un célebre abogado laico ya fallecido echó una “maldición divina” en dicho juzgado para que él se reencarnara en un perro, considerado “impuro” por la compilación de estrictas leyes judías Halajá. De esta forma, estos declararon que el espíritu del abogado había renacido en el cuerpo del can.
La leyenda popular indica que "el perro es el mejor amigo del hombre" (frase creada por el abogado George Graham Vest frente a un jurado en EEUU, mientras defendía la muerte de Old Drum, un galgo propiedad de Charles Burden, asesinado a sangre fría por un vecino), y se ha convertido en el animal doméstico más popular y posiblemente el más agradable. Parece mentira entonces, que unos dogmas completamente rígidos y fuera de época, condenen a un perro por creer que está poseído. Lo menos que podrían haber hecho era asignarle una familia.
En fin, no me considero un defensor de los animales, pero esta historia me pareció una buena oportunidad para recordar una leyenda canina ocurrida aquí en Uruguay.
Hacía ya muchos años que Hollywood se había olvidado de estas criaturas, Lassie había quedado atrás, "Marley y Yo " con Owen Wilson, en el 2008, sólo había logrado sacar unas lágrimas a unas cuantas quinceañeras y Tin - Tin había dejado de recorrer el mundo acompañado de su Fox Terrier de color blanco de nombre Milú. Sin embargo, en el año 2009 nos sorprendieron con una conmovedora historia, "Siempre a tu lado, Hachiko" (No sólo nos sorprendio la vuelta del can a la pantalla grande, sino la de Richard Gere a la actuación). Se trataba del remake americano de una película japonesa del año 1987 "Hachikō monogatari", basada en hechos reales.
Sin contar el film, les adelanto que narra la historia de Kashiko, un perro de raza Akita, y su amo Eisaburō Ueno, un profesor del departamento de Agricultura de la Universidad de Tokyo, caracterizada por la lealtad de uno con el otro.
Hachiko, esperaba a su amo todas las tardes en la puerta de la estación de Shibuya. Esta rutina continuó sin interrupciones hasta el mes de mayo de 1925, cuando el profesor Ueno ya no regresó, como de costumbre, en tren, pues previamente había sufrido una hemorragia cerebral mientras impartía clases y murió. Debido a esto, jamás regresó a la estación de tren, donde su leal mascota lo esperaba. Hachikō demostró su lealtad a Ueno y cada día, por los siguientes diez años de su vida, esperó en el acostumbrado sitio donde se sentaba, justo enfrente de la estación. Conforme transcurría el tiempo, Hachikō comenzó a llamar la atención de propios y extraños en la estación; mucha gente que solía acudir con frecuencia a la estación habían sido testigos de cómo Hachikō acompañaba cada día al profesor Ueno antes de su muerte. Fueron estas mismas personas las que cuidaron y alimentaron a Hachi durante ese largo período, hasta el 8 de marzo de 1935, cuando murió.
Como habrán visto, la historia da para emocionarse, lo que me motivó a buscar material al respecto, dándome de narices con una historia sobre fidelidad de un perro hacia su amo, sucedida en Durazno, Uruguay. La historia de Gaucho.
En la década de 1960 y primeros años de la siguiente transitó por las calles de Durazno "El Gaucho", transformándose en verdadera leyenda viviente para los vecinos de esa ciudad como para los visitantes que tomaban conocimiento de su historia, ya que por su nobleza fue muy conocido y querido por el pueblo de esta ciudad....
Su dueño lo llamó Gaucho, ambos vivían en la localidad de Villa del Carmen, y fueron muy unidos. Un día el amo se enferma y debe ser trasladado a Durazno para ser internado en el Hospital Dr. Emilio Penza de una enfermedad grave.
Fue entonces que el Gaucho quedó solo y se largó a caminar por el camino que recorrió su dueño. Cruzó bañados y arroyos, recorrió mas de 50 kilómetros de distancia hasta que llegó al lugar donde se encontraba su dueño internado, allí se quedó acompañándolo sin alejarse del lugar, porque él era su amigo de la vida. Los vecinos y personal del hospital lograron conocerlo por su inseparable presencia, su gesto de nobleza y sin rebeldía.
Cuando al tiempo de internación el amo fallece, en la sala se escucha al Gaucho llorar con remordimiento al igual que días atrás cuando su dueño se quejaba de algún dolor que sufriera.
Es aquí cuando se le ve el mayor gesto de nobleza y buen amigo para el hombre, porque aquel perro de pelo casi oscuro y de ojos tristes lo acompañó durante su velatorio y hasta el lugar donde recibiuría santa sepultura.
Mas de 30 días el Gaucho custodió aquella sepultura para luego salir en las mañanas a recoger algún alimento que el pueblo le brindara. Recorría calle Rivera, Plaza Artigas, La Picada y algunas veces 18 de Julio, para volver de tarde otra vez junto a la tumba de su dueño allí en el Cementerio.
De esta manera vivió mucho tiempo, haciéndose querer por la gente y los niños. En 1999 es hallado en las proximidades de la Plaza Sainz en el Barrio Varona ya sin vida, dejando para Durazno una rica historia de amigo fiel.
El pueblo de Durazno le ha rendido su merecido homenaje labrando un monumento en bronce para que jamás sea olvidado.
Espero hayan disfrutado la historia, hasta la próxima . . .

La terrible (y absurda) decisión fue tomada luego que el perro de gran tamaño ingresara de repente a dicho tribunal causando el pavor entre los jueces. A pesar del intento de los presentes por sacarlo del lugar, este permaneció allí ladrando.
Fue entonces que uno de los magistrados presentes recordó que hace unos 20 años, un célebre abogado laico ya fallecido echó una “maldición divina” en dicho juzgado para que él se reencarnara en un perro, considerado “impuro” por la compilación de estrictas leyes judías Halajá. De esta forma, estos declararon que el espíritu del abogado había renacido en el cuerpo del can.
La leyenda popular indica que "el perro es el mejor amigo del hombre" (frase creada por el abogado George Graham Vest frente a un jurado en EEUU, mientras defendía la muerte de Old Drum, un galgo propiedad de Charles Burden, asesinado a sangre fría por un vecino), y se ha convertido en el animal doméstico más popular y posiblemente el más agradable. Parece mentira entonces, que unos dogmas completamente rígidos y fuera de época, condenen a un perro por creer que está poseído. Lo menos que podrían haber hecho era asignarle una familia.
En fin, no me considero un defensor de los animales, pero esta historia me pareció una buena oportunidad para recordar una leyenda canina ocurrida aquí en Uruguay.
Hacía ya muchos años que Hollywood se había olvidado de estas criaturas, Lassie había quedado atrás, "Marley y Yo " con Owen Wilson, en el 2008, sólo había logrado sacar unas lágrimas a unas cuantas quinceañeras y Tin - Tin había dejado de recorrer el mundo acompañado de su Fox Terrier de color blanco de nombre Milú. Sin embargo, en el año 2009 nos sorprendieron con una conmovedora historia, "Siempre a tu lado, Hachiko" (No sólo nos sorprendio la vuelta del can a la pantalla grande, sino la de Richard Gere a la actuación). Se trataba del remake americano de una película japonesa del año 1987 "Hachikō monogatari", basada en hechos reales.
Sin contar el film, les adelanto que narra la historia de Kashiko, un perro de raza Akita, y su amo Eisaburō Ueno, un profesor del departamento de Agricultura de la Universidad de Tokyo, caracterizada por la lealtad de uno con el otro.
Hachiko, esperaba a su amo todas las tardes en la puerta de la estación de Shibuya. Esta rutina continuó sin interrupciones hasta el mes de mayo de 1925, cuando el profesor Ueno ya no regresó, como de costumbre, en tren, pues previamente había sufrido una hemorragia cerebral mientras impartía clases y murió. Debido a esto, jamás regresó a la estación de tren, donde su leal mascota lo esperaba. Hachikō demostró su lealtad a Ueno y cada día, por los siguientes diez años de su vida, esperó en el acostumbrado sitio donde se sentaba, justo enfrente de la estación. Conforme transcurría el tiempo, Hachikō comenzó a llamar la atención de propios y extraños en la estación; mucha gente que solía acudir con frecuencia a la estación habían sido testigos de cómo Hachikō acompañaba cada día al profesor Ueno antes de su muerte. Fueron estas mismas personas las que cuidaron y alimentaron a Hachi durante ese largo período, hasta el 8 de marzo de 1935, cuando murió.
Como habrán visto, la historia da para emocionarse, lo que me motivó a buscar material al respecto, dándome de narices con una historia sobre fidelidad de un perro hacia su amo, sucedida en Durazno, Uruguay. La historia de Gaucho.
En la década de 1960 y primeros años de la siguiente transitó por las calles de Durazno "El Gaucho", transformándose en verdadera leyenda viviente para los vecinos de esa ciudad como para los visitantes que tomaban conocimiento de su historia, ya que por su nobleza fue muy conocido y querido por el pueblo de esta ciudad....
Su dueño lo llamó Gaucho, ambos vivían en la localidad de Villa del Carmen, y fueron muy unidos. Un día el amo se enferma y debe ser trasladado a Durazno para ser internado en el Hospital Dr. Emilio Penza de una enfermedad grave.
Fue entonces que el Gaucho quedó solo y se largó a caminar por el camino que recorrió su dueño. Cruzó bañados y arroyos, recorrió mas de 50 kilómetros de distancia hasta que llegó al lugar donde se encontraba su dueño internado, allí se quedó acompañándolo sin alejarse del lugar, porque él era su amigo de la vida. Los vecinos y personal del hospital lograron conocerlo por su inseparable presencia, su gesto de nobleza y sin rebeldía.
Cuando al tiempo de internación el amo fallece, en la sala se escucha al Gaucho llorar con remordimiento al igual que días atrás cuando su dueño se quejaba de algún dolor que sufriera.
Es aquí cuando se le ve el mayor gesto de nobleza y buen amigo para el hombre, porque aquel perro de pelo casi oscuro y de ojos tristes lo acompañó durante su velatorio y hasta el lugar donde recibiuría santa sepultura.
Mas de 30 días el Gaucho custodió aquella sepultura para luego salir en las mañanas a recoger algún alimento que el pueblo le brindara. Recorría calle Rivera, Plaza Artigas, La Picada y algunas veces 18 de Julio, para volver de tarde otra vez junto a la tumba de su dueño allí en el Cementerio.
De esta manera vivió mucho tiempo, haciéndose querer por la gente y los niños. En 1999 es hallado en las proximidades de la Plaza Sainz en el Barrio Varona ya sin vida, dejando para Durazno una rica historia de amigo fiel.
El pueblo de Durazno le ha rendido su merecido homenaje labrando un monumento en bronce para que jamás sea olvidado.
Espero hayan disfrutado la historia, hasta la próxima . . .
"La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por la manera en que trata a sus animales " - Mahatma Gandhi
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