. . . pero hace 61 años, a las 16:45 para ser más exactos, Uruguay lograba lo que el mundo entero conoce como el "Maracanazo" ("Maracanaço" como lo recuerdan en Brasil), en lo que se convirtió en la mayor hazaña futbolística lograda en una copa del mundo . . .
Nunca tanta gente se reunió en un estadio de fútbol. 173.850 almas se reunieron pensando en ver campeón a Brasil. Los diarios ya estaban impresos y los festejos organizados. Tal era el nivel de confianza, que las autoridades no entregaron las partituras del himno uruguayo a la banda encargada de sonar las estrofas del himno de la selección vencedora.
Antes de empezar el partido, los futbolistas uruguayos eran conscientes del enorme favoritismo del que gozaba la escuadra brasilera. El entrenador uruguayo Juan López Fontana deseaba evitar una derrota humillante, y pidió a sus jugadores que jugaran defensivamente; cuando López se retiró el capitán uruguayo Obdulio Varela dijo a sus compañeros: "Juancito es un buen hombre, pero ahora se equivoca. Si jugamos para defendernos, nos sucederá lo mismo que a Suecia o España". Los hombres de la escuadra uruguaya entendieron así que jugar defensivamente contra el equipo brasilero resultaría en una derrota por goleada. Poco antes de entrar al campo de juego los futbolistas uruguayos perciben el estruendo de los aficionados brasileros en las tribunas del Maracaná. Varela animó a sus compañeros diciendo: "Muchachos, los de afuera son de palo, que comience la función", en una frase que ha quedado para la posteridad, no sólo en el deporte, sino para todo el puevlo uruguayo. El juego empezó a las 15 horas.
Al empezar el partido el equipo brasilero empieza su habitual presión con delanteros, en busca del gol y para liquidar el partido en el menor tiempo posible. Cabe destacar que los anteriores triunfos de Brasil en el torneo habían sido por abultado margen, y en esta ocasión la afición local casi exigía repetir goleadas similares. El portero uruguayo Roque Máspoli logra contener los ataques brasileros exitosamente, y así finalizar la primera mitad del tiempo reglamentario, ambos equipos se retiran empatados a cero, pese a la molestia en las tribunas por falta de goles.
Pese a este desagrado, el optimismo continuaba entre el público local pues con el empate Brasil se estaba consagrando campeón mundial. A comienzos del segundo tiempo en el minuto 2, el brasilero Friaça anota el primer gol de la tarde. Una gran celebración empieza a inundar el estadio, incluyendo algunos petardos. La algarabía dura poco pues el capitán uruguayo Obdulio Varela acude a reclamar una posición delantada al árbitro, para ganar tiempo y restar tensión al partido; años después Varela reconocía que en el caso de seguir jugando en medio de la algarabía del público brasilero, el empuje de los futbolistas locales hubiera precipitado una goleada contra Uruguay.
Tras bajar la tensión del público y de los equipos, se reanuda el juego, y en el minuto 21 anota un gol el uruguayo Juan Alberto Schiaffino e iguala el marcador del encuentro. Con este resultado de 1-1 aún se adjudicaba Brasil el mundial. Aun así los jugadores uruguayos continúan defendiéndose acertadamente, y continuan inclusive lanzando ataques sobre el área brasilera.
Sin embargo, en el minuto 34 del segundo tiempo se genera otro ataque uruguayo donde Obdulio Varela lanza un pase largo hacia Alcides Edgardo Ghiggia, éste supera al defensa brasilero Bigode, finge un centro ante el arquero local Moacir Barbosa, y patea un violento tiro entre el arquero y el poste. Ghiggia anota así el segundo gol para Uruguay y el estadio queda en silencio.
Inclusive los futbolistas uruguayos quedan impresionados con el repentino silencio en el recinto, donde minutos antes reinaba la euforia de la afición.
Inclusive los futbolistas uruguayos quedan impresionados con el repentino silencio en el recinto, donde minutos antes reinaba la euforia de la afición.
Estaba a punto de finalizar el partido, Brasil atacaba con todo su poderío, pero le es imposible revertir el resultado. Al cumplirse el tiempo oficial, a las 16.45 horas, el árbitro inglés George Reader silbaba el final del partido, con lo cual estallaba la alegría de los jugadores uruguayos. Al finalizar el partido la mayor parte del público salió en silencio o llorando del Estadio Maracaná, los futbolistas brasileros mostraban abiertamente su pesar, y la prensa local lanzaba comentarios apenados e incrédulos ante una derrota totalmente inesperada; la banda de música traída para la ocasión no ejecutó pieza alguna, no percatándose de la ceremonia de entrega de la Copa Jules Rimet a Uruguay.
Para los aficionados brasileños la victoria uruguaya fue casi una tragedia, comentada como la peor derrota deportiva del país. Se cancelaron los preparativos de una celebración que era obvia para muchos. Se reportaron numerosos suicidios de aficionados. Desde entonces la palabra Maracanazo ha quedado como expresión de derrota o desastre imprevisto, para los brasileros.
En cambio, para los uruguayos la fiesta fue total. La inesperada victoria llegaba a oídos en territorio uruguayo, gracias al inolvidable relato de Carlos Solé. La gente se volcó a las calles a festejar, lo que en un principio parecía un sueño inalcanzable.
El desconcierto era tal tras la victoria uruguaya, que las 173.850 personas en el estadio quedaron enmudecidas apenas terminó el partido, donde la concurrencia de uruguayos era de apenas un centenar de personas, a tal punto de que los únicos sonidos que se escuchaban eran los del plantel celeste.
El desconcierto era tal tras la victoria uruguaya, que las 173.850 personas en el estadio quedaron enmudecidas apenas terminó el partido, donde la concurrencia de uruguayos era de apenas un centenar de personas, a tal punto de que los únicos sonidos que se escuchaban eran los del plantel celeste.
También se dio una anécdota que involucraba al entonces presidente de la FIFA, Jules Rimet. Cuando el encuentro estaba empatado 1 a 1, Rimet se dirigió a los vestuarios para preparar su discurso de felicitaciones para Brasil, pero cuando volvió al terreno de juego (ya terminado el encuentro) se llevó la sorpresa de no ver ningún festejo, ya que Uruguay había logrado la hazaña. Tan desconcertado quedó Rimet, que incluso la ceremonia oficial de entrega de la copa a Uruguay no se ejecutó: Rimet apenas pudo acercarse al capitán uruguayo Obdulio Varela en el borde del terreno de juego, darle un breve apretón de manos y entregarle casi a escondidas, el trofeo.
Años después recordaba Rimet:
“...Todo estaba previsto, excepto el triunfo de Uruguay. Al término del partido yo debía entregar la copa al capitán del equipo campeón. Una vistosa guardia de honor se formaría desde el túnel hasta el centro del campo de juego, donde estaría esperándome el capitán del equipo vencedor (naturalmente Brasil). Preparé mi discurso y me fui a los vestuarios pocos minutos antes de finalizar el partido (estaban empatando 1 a 1 y el empate clasificaba campeón al equipo local). Pero cuando caminaba por los pasillos se interrumpió el griterío infernal. A la salida del túnel, un silencio desolador dominaba el estadio. Ni guardia de honor, ni himno nacional, ni discurso, ni entrega solemne. Me encontré solo, con la copa en mis brazos y sin saber qué hacer. En el tumulto terminé por descubrir al capitán uruguayo, Obdulio Varela, y casi a escondidas le entregué la estatuilla de oro, estrechándole la mano y me retiré sin poder decirle una sola palabra de felicitación para su equipo... ”
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Ese día fue el último partido oficial de fútbol en el cual el equipo de Brasil jugó con uniforme totalmente blanco. En adelante la selección brasilera comenzó a utilizar la tradicional camiseta verde-amarela con pantalon azul, confiando que esta vez sí les traería buena suerte.
El tiempo ha pasado, y aquellas gestas deportivas que nos habían colocado en el olimpo del mundo-fútbol quedaron atrás. Si bien el mundial 2010 realizado en Sudáfrica nos vuelve a depositar en la órbita de los grandes y nos vuelve a convertir en un rival para cuidarse, la realidad es que hace 16 años que Uruguay no gana una competencia a nivel de selecciones mayores (Desde la Copa América realizada en 1995 en Uruguay), y nos vendría bien convertirnos, por lo menos, en la selección más ganadora de américa. La oportunidad está cruzando el río que le dio nombre a este territorio. Esperemos que no se termine hoy.
Hoy la posta la vuelve a tener el "Maestro" Tabárez, y si bien su equipo aún no ha convencido, esperemos volver a dejar enmudecido un estadio, en este caso el Brigadier General Estanislao López, perteneciente al equipo Colón de Santa Fé, con una selección argentina que, comandados por Esteban Batista fuera de la cancha, y Lionel Messi dentro, están plenos de confianza frente a Uruguay, y no se imaginan la posibilidad de terminar viendo la copa que ellos mismos organizan por TV.
La idea no es comparar con el Maracanazo . . . pero que bien nos vendría enmudecer a los vecinos del otro lado !!
Saludos, y hasta la próxima . . . Arriba Uruguay!
"Vamo' arriba la celeste,vamo' desde el Cerro a Bella Unión, vamo' como dice el Negro Jefe, los de afuera son de palo Que comience la función" ("Cuando juega Urguay - Jaime Roos)
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